Das Weisse Pferd - Urchristliche Zeitung für Gesellschaft, Religion, Politik und Wirtschaft

N° 22/1999

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La religión arte-culto de los “luteranos católico-romanos”

 

El papa ha proclamado el año eclesiástico de jubileo 2000. ¿Sobre qué realmente quiere dar gritos de júbilo? ¿Sobre que en los últimos 2000 años no hay nadie que tenga tantos muertos en su conciencia como la Iglesia (incluyendo a Hitler y a Stalin)? ¿O que, a pesar de su pasado y el aumento de los fieles que se dan de baja de la Iglesia, aún persiste?

 

Este jubileo se debería entender porque en realidad fue un logro psicológico magistral, hacer olvidar casi por completo los crímenes del pasado, y es un logro teológico de punta aun hoy, de crear la impresión que la enseñanza de la Iglesia es la enseñanza de Jesús de Nazaret, donde realmente lo contrario es evidente para cualquier contemporáneo medianamente despierto. Y para aumentar aún más el jubileo milenario, la madre Iglesia católica-romana abre nuevamente los brazos para los luteranos, que una vez la había condenada como una secta herética

 

La confesión de fe de la Iglesia proviene de emperadores romanos

 

La minoría de los católicos sabe que partes esenciales de la “confesión de fe apostólica”, que rezan los domingos (sin embargo apenas el 7 % de la población total) provienen de los apóstoles o de obispos cristianos primigenios, por descontado ni hablar de Jesús de Nazaret, sino que fueron dictados en los primeros 500 años por emperadores romanos.  Karikatur

 

El primer acomodo de la enseñanza de la fe católica se produjo en el concilio de Nicea (325), que fue convocado por el emperador Constantino, para apaciguar una disputa teológica que políticamente  le era inconveniente: Entre los cristianos de Alejandría se originó una controversia sobre la relación de Jesús de Nazaret a Dios, que pronto abarcó todo el cristianismo. Los unos (los seguidores de Atanasio) eran de la opinión que Jesús el Cristo, era el mismo Dios (de la misma esencia de Dios), mientras que los otros (los seguidores de Arios) veían a Jesús como hijo de Dios (de naturaleza similar a Dios). Constantino el táctico político, que ya en el lecho de muerte se hizo bautizar, pero abusando del cristianismo como fundamento mundano de su poder estatal, quiso impedir  la discordia, ya que  estorbaban la unidad de la Iglesia estatal. Por esto reunió a obispos acomodados a él, a un concilio, que él mismo dirigía y en el cual, por decreto estatal ordenó lo que sería la correcta fe: Cristo es de la “misma esencia de Dios”. La fórmula imperial aún hoy se encuentra en la confesión de fe católica.

 

El segundo acomodo para esta confesión de fe, se produjo en el Concilio de Constantinopla (381). Se trataba de la “trinidad” de Dios-Padre, Hijo y Espíritu Santo, como la posición de la Iglesia y como la “única salvadora”, como se hizo llamar posteriormente ella misma. Nuevamente un emperador romano, Teodosio I, se arrogó para poder determinar las enseñanzas de la fe. Él convocó al concilio uno de sus juristas, a quien rápidamente se bautizó y se consagró como sacerdote y se le promovió a un cargo arzobispal, se hizo cargo de la dirección de la reunión para llevar al papel en forma irrecusable, la fórmula del dogma de la trinidad. Al mismo tiempo la Iglesia fue declarada “santa” y “apostólica” y sus “medios de gracia” (bautismo y perdón de los pecados) anexionados a los instrumentos de salvación de la nueva religión estatal. Lo que Teodosio y su jurista Nectario hicieron aprobar es hasta hoy, parte del credo de todas las confesiones “cristianas”.

 

50 años más tarde en Efeso (431) fue dogmatizada María como “paridora de Dios”. También este concilio estaba bajo la superioridad de un emperador romano. El romano oriental Teodosio II lo convocó. He hizo condenar al patriarca de Constantinopla, Nestorio, por mandato de su rival Chirlillo de Alejandría, y el obispo de Roma Celestino lo condenó y lo desterró como “infame” hereje. Su crimen: Él había advertido sobre un culto a una “Madre de Dios”, María sólo podría ser designada como “paridora de Cristo”. Pero el culto mariano salió victorioso, gracias a desconsideradas intrigas de sus adeptos y una multitud de fanáticos, que recorrió la ciudad de Efeso, que desde hacía tiempo mantenían en alto el culto a Diana y que ahora la querían alabar como la “gran madre de Dios”. Un misterio pagano llegó a ser un componente firme de la enseñanza de fe católica.

 

En el concilio de Calcedonia (451) se trataba nuevamente de Cristo. La reunión fue convocada por Marcion, un emperador soldado. Pero la dirección lo llevaba su esposa Pulcheria una ex-monja, que ahora se dedicaba a la política. El concilio fue conducido por altos empleados del estado. Se determinó, Cristo era al mismo tiempo “verdadero Dios y verdadero hombre”. También esta fórmula se encuentra en la actualidad en la confesión de fe de la Iglesia católica-romana.

 

De la forma más eficaz influyó el emperador Justiniano en la enseñanza de la Iglesia – en el concilio de Constantinopla (553). Este emperador romano oriental, hacia fuera se había convertida al cristianismo, pero siguió siendo un político romano de poder. Conflictos religiosos debían ser ahogados en sus inicios sin consideración a sus contenidos. Si alguien en apelación a la enseñanza cristiana temprana de Origenes proclamaba la enseñanza de la reencarnación o la salvación de todas las almas y personas por Cristo, no sólo era secundario, sino en relación a las necesidades del estado, sin importancia alguna. Por esto el emperador no dudaba mucho y le dió al congreso nueve condenas de execración. Dos de ellas decían: Aquel que sostenga que el alma humana ya ha vivido antes de su encarnación corporal, sea maldito. Y aquel que cree, que al final de todos los tiempos todos las almas y todas las personas regresen donde Dios, sea maldito (ver www.theologe.de/reencarnation.htm).

Aquí la Iglesia estatal de Roma se despidió definitivamente de los contenidos centrales de la enseñanza de Jesús de Nazaret: De su mensaje de un Dios-Padre amoroso, quién no condena a nadie, sino que traerá de regreso a todas las almas y personas, toda la creación caída, a la eterna patria, mediante el acto de redención de Jesús por el seguimiento de sus enseñanzas, a la cual pertenece la preexistencia del alma y la posibilidad de repetidas encarnaciones. Desde aquí en adelante la Iglesia tenía en sus manos una de las armas más afiladas: La amenaza de la eterna condenación, que aplicó con éxito en los siguientes 1.500 años. También llegó a ser la base espiritual de la inquisición y de las cruzadas, que costó la vida a millones de personas.

 

Konzil von Nicäa

 

El posteriormente perseguido como hereje Arios, en un gesto de sumisión ante el concilio de Nicea (325), donde el emperador Constantino (4to de derecha a izquierda con una corona) tenía la presidencia.

 

La confesión de fe fue formulada por emperadores romanos, déspotas con sangre en sus manos. Las condiciones del marco teológico estaban creadas para esto, para un terror que duró 1.500 años. Tomás de Aquino, aún hoy altamente honrado doctor de la Iglesia, pudo apegarse a esto y enseñar que la herejía es un crimen merecedor de castigo, por lo cual la autoridad mundana debía enviar a la muerte a los herejes. Después que Martín Lutero había logrado el poder con su reformación, el terror católico recibió un renuevo luterano. Lutero llamó al asesinato contra los campesinos rebeldes, a la persecución de los judíos  y a la quema de sus sinagogas. Predicadores de su Iglesia que no tenían licencia, los quería entregar al  verdugo.

 

El “acuerdo de paz” de los luteranos católico-romanos

 

Durante siglos se combatieron y se maldijeron los luteranos y las autoridades católico-romanas. Durante siglos cada una de sus organizaciones han cubierto al mundo con sangre y lágrimas, a veces unos contra otros, por ejemplo la guerra de los treinta años, en parte juntos por ejemplo, en la persecución de herejes y brujas. Pero ahora de pronto se comportan pacíficamente.. No porque el papa quería pedir perdón de forma seria ante los millones de víctimas de la inquisición (ver Mea Culpa Papa Juan Pablo Cristianos libres por el Cristo del Sermón de la Montaña, www.theologe.de/mea-culpa_papa_juan-pablo-II.htm) o que la Iglesia luterana se distanciaría del instigador a genocidio Lutero. Si no las organizaciones asesinas de aquel entonces se reconcilian entre ellas, sin depurar sus crímenes. Ellos hablan con palabras magnánimas de la “clemencia” que antes nunca conocieron, cuando se trataba del poder y la infamia es confundida ahora. Y el pueblo ignorante, ovaciona.

 

"¡Peca con valor!"
 

El tema de esta maniobra de paz de las organizaciones  más beligerantes de la historia humana es una pelea de fe de 500 años: Martín Lutero estaba obsesionado por una  concepción de un dios airado, al cual ningún hombre se le podía acercar ni con “buenas obras”. La enseñanza de Jesús, “Aquel que escucha mi enseñanza y la realiza, es un hombre prudente”, la descartó. “Sólo la fe” justifica al ser humano frente a Dios, pues Jesús de Nazaret habría hecho todo por el hombre, mediante su muerte. Esto es resumidamente, la tan citada “enseñanza de la justificación” de Lutero. Ella es mas cómoda que seguir el serm+on de la montaña, en la cual Jesús mandó como meta de su enseñanza, que “Vosotros debéis ser perfectos, como perfecto es vuestro padre en el cielo”. De esta enseñanza se burló Lutero, diciendo que es una utopía, enseñando: “Los verdaderos santos de Cristo deben ser buenos y fuertes pecadores” “¡Peca con valor, pero cree con más valor!” “¡Si no quieres fallar en contra del evangelio, entonces cuídate de las buenas obras, escapa de ellos como de la peste!” Suena como si se trataría de una medalla por el valor frente al enemigo de Cristo.

Evidentemente Lutero mismo pretendía una distinción como esta, puesto que predicaba el odio como  pocos otros (ver El Teólogo N° 3). La enseñanza de Lutero sobre la justificación y también su antisemitismo, prácticamente no habrían alterado mayormente a la Iglesia católica – un cristianismo de hechos a sus superiores, hace tiempo que lo perdieron y el odio contra los judíos era una parte fija de la liturgia católica. Pero cuando las masas se unieron a los monjes refutadores, que combatían al papado corrupto, se barruntaba peligro para todo el sistema. Los hechos en sí no eran tan importantes, en todo caso no los hechos que Jesús había ejemplariizado. La Iglesia enseñaba que se dependía en base a sus “medios de gracia”, los sacramentos – Bautismo, confesión, última unción … Esto se debía “recibir”, para llegar a Dios. Y ahora Lutero decía: Todo esto no es necesario, basta con la fe sola. Con esto se puso en duda toda la jerarquía y todo el aparato de los sacramentos católicos. Por esto la Iglesia católica-romana determinó en el concilio de Trento (1547), de condenar la enseñanza del hereje Lutero. El fallo: Aquel que afirme que el pecador sea justificado solo por la fe …, este sea maldito. Lutero sin embargo, maldecía a disidentes con el mismo fervor que su enemiga, la Iglesia católica. Predicadores que no le eran agradables, a estos exigía que el estado los debiera entregar al verdugo. Tomás de Aquino manda saludos. No sólo el terror católico, sino también la maldición de excomunión eclesiástica, han encontrado a un fiel imitador. 

  

¡Sonajero de palabras teológicas!
 

Sin embargo últimamente, para las dos Iglesias acostumbradas al poder, la situación se les está estrechando. Los fieles se les van por multitudes. Aquí hay que hacinarse. Los teólogos formulan un “consentimiento en verdades básicas de la enseñanza de la justificación …, en cuya luz las condenas de las enseñanzas del siglo 16, ya no afectan al compañero” ¿De qué clase de “compañerismo” se trata aquí? Abiertamente, la fiebre de fusión global también ha llegado a los dos consorcios eclesiásticos. Los escribas sabios de las Iglesias, con esto envuelven la maniobra en el humo del incienso de lugares comunes de apariencia  elevada, respectivamente, dichos vertiginosos como por ejemplo: “Conjuntamente reconocemos que las obras buenas son fruto de la justificación. Según la concepción católica, las buenas obras aportan así un crecimiento en la misericordia. También entre los luteranos existe el pensamiento de un crecimiento en la misericordia y la fe. Cuando no consideran merecimiento propio, las buenas obras como “fruto” y “señal” de la justificación, así igualmente entienden la vida eterna como “premio merecido” en el sentido de la aceptación de Dios al creyente” Esto que lo entienda quien quiera. Jesús por lo menos hablo de forma más clara. Él tampoco no tenía nada que encubrir. También se podría decir: Con qué rapidez une un pasado criminal, un pasado ovacionado por el pueblo, que cierra los ojos. La Iglesia a la que tanto le gusta tildar a otros de “sincretistas” es una vez más, sincretista. Ella mezcla ahora enseñanzas católico-romanas y enseñanzas evangélicas-luteranas, después de que se sirvió en el correr de la historia, entre otras, del judaísmo y de las antiguas religiones histéricas.

 

Los luteranos de la indulcencia

 

La reconciliación evangélica-católica se produce justamente en el signo de la indulgencia del jubileo, que les anuncia el presente papa (Juan Pablo II) a sus fieles, a pesar de que recién fueron las indulgencias, que hace 500 años fueron para el enojo de los luteranos. Pero la unidad católico-romana-luterana produce poder. No es necesario hacerse puro, sino seguir “pecando con empeño”, como lo había enseñado Lutero. Ahora los luteranos podrían pasar por la puerta de la indulgencia, para que sean liberados de sus “castigos por pecados” y el resto se elimina de la conciencia. Los católicos-romanos luteranos indulgentes se pueden hacer llamar ahora, ya sea católicos-romanos o luteranos, sólo a Jesucristo no lo pueden tomar en su boca y tampoco el apellido “cristiano”. Quien se acuerde de la prostituta de Babilonia en las revelaciones de Juan, no se extrañará sobre el último abrazo de la Iglesia de Roma. La prostituta de Babilonia transformó a la cristiandad a “cristianos-paganos” y el Vaticano es sólo una postal de la religión de cultos de Constantino. No es ningún milagro que cada vez más cristianos se alejan de esto.

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